(Véase también “Penitencia, confesión” para saber cómo pedir perdón por nuestros pecados, que incluye ideas para hacer un buen examen de conciencia, cómo ser más conscientes de nuestro estado pecaminoso).
Somos pecadores porque somos libres. Ni las piedras ni los animales pueden pecar. Porque somos responsables de nuestros actos, podemos ser más o menos pecadores (o lo contrario: santos).
"Si dijéremos que no tenemos pecados, nos engañamos, y no hay verdad en nosotros" I de S.Juan, I, 8.
Hay, ha habido y habrá santos, gente que actúa muy impecablemente. Si creemos que somos uno de ellos porque creemos que todo lo hacemos bien, es sólo por la ceguera que nos produce nuestro orgullo (e ignorancia culpable): no es la realidad. (Nunca podemos decir con certeza que actuamos bien, por las secuelas del pecado original que nos impide ver la cara de Dios, su voluntad; sólo podemos estar seguros de nuestra buena intención).
“El justo peca 7 veces al día” ¿De qué peca? De lo que pecamos todos: sobre todo de pecados de pensamiento y de omisión. No vamos todo el día por ahí robando o matando físicamente, pero sí de pensamiento y sí que todo el día lo dedicamos a cosas diferentes de las que deberíamos (omisión). La mayor omisión: no querer ver nuestros pecados, que ni nos hablen de ciertos temas (no querer aprender nuestros deberes, la doctrina). Como las avestruces que meten la cabeza bajo tierra para escapar el peligro o los niños que se tapan los ojos para que no les vean. Así nos comportamos delante de la justicia divina.
“Instalados” en nuestra “zona de confort” (como le llaman los psicólogos), continuando con nuestra rutina, negándonos a aprender no sea que nos produzca mala conciencia, que nos alumbre nuestros errores, nuestras contradicciones.
Ciertamente que los cambios siempre son costosos: vivir es costoso, preferimos estar dormidos, como muertos repitiendo todos los días lo mismo.
"Cuando el hombre huye del orden (divino) por la puerta del pecado, vuelve a entrar en él por la de la pena (desgracia)". Ensayo sobre el catolicismo... de Donoso Cortés (última frase del libro). |
El pecado es hacer algo diferente de lo que quiere Dios. (Hacerlo con plena libertad y conocimiento de que es pecado, que hacemos el mal). Todo lo que hacemos siguiendo las inspiraciones de nuestros enemigos (mundo, demonio y carne). Por ejemplo, todo lo que hacemos por placer y no por servir a Dios.
(Es una ruptura del Orden, es invertir los fines y los medios, es anteponer las criaturas a Dios)
es la misma desobediencia de Adán y Eva, la diferencia es que ellos desobedecieron una prohibición que Dios les dió directamente y nosotros desobedecemos los mandamientos que nos dió Dios por medio de Moisés y lo nuevo que nos mandó Jesucristo (que amáramos a todos como él nos amó). (Ver “el pecado original y cómo estamos después del bautismo”).
con la misma libertad que ellos cometieron tan grave ofensa a Dios (pecado original).
Todo apartarnos de los que Jesucristo haría en nuestro lugar, eso es el pecado.
El pecado es una ofensa a Dios pues pasamos a servir al Diablo (o servimos a Dios o al Diablo, no hay término medio). Por ello, igual como sólo el acreedor puede perdonar el dinero que se le debe, del mismo modo sólo Dios, a quien ofendemos con nuestros pecados, puede perdonarlos (el cura los perdona como representante de Dios, no por autoridad propia).
Los cómplices también pecan. Y también pecamos si pecan las almas que están a nuestro cargo (padres de las de sus hijos).
Si para pecar hemos de tener pleno conocimiento, ¿entonces es mejor no seguir aprendiendo, pues así no pecamos?
Hay una "ignorancia inocente" como la del niño que no conoce las consecuencias de sus actos.
Y hay una "ignorancia culpable", como la del adulto que debiendo saber se resiste a ello por voluntad expresa o distracciones.
Según la importancia del pecado es venial o mortal (faltar a misa es mortal, aunque ahora es excusable dada la situación de la iglesia).
Otra cosa que a menudo argüimos para creernos libres de pecado es que lo hicimos sin plena libertad, “forzados por las circunstancias”, por la “mala educación que recibimos de pequeños”,... etc. Pero cuando se trata de algo brillante que hicimos, nuestra orgullo nos lleva a callarnos, y no decir que no fue mérito nuestro sino de la “buena educación que recibimos”, o de lo que nos ayudaron los demás, o las circunstancias.
agravantes:
nuestra autoridad y la autoridad del que sufre nuestra acción (mayor pecado comete el alcalde que roba que no un ciudadano cualquiera, mayor pecado comete el que roba a un cura que el que roba a un laico).
La ley civil (satanista, antireligiosa, no inspirada en la ley divina,) no tiene en cuenta la autoridad del autor como agravante y sólo la de la víctima en algún caso (castiga más al parricida que al homicida).
cuando el pecado se hace por maldad (no por debilidad)
atenuantes:
voluntad no perfecta (la realización incompleta por causas fortuitas no es un atenuante. Si se me avería el auto cuando voy a robar y no puedo hacer el robo, sigo siendo culpable de robo).
cuando el pecado se hace por debilidad (intenta corregirse, confesarse cuanto antes).
la ignorancia no es atenuante ni excusa del pecado, pues suele ser ignorancia culpable (pues mucha gente no ha vuelto a estudiar religión desde pequeños).
(Ver también: Consecuencias cotidianas del pecado original)
Culpa: herida en el alma, que puede ser mortal o no. Es la ofensa que hacemos a Dios.
Pena: que hemos de pagar tarde o temprano (aquí, en el purgatorio o eternamente en el infierno).
Más facilidad para pecar. Un pecado lleva a otro. Si hemos robado algo, luego mentiremos, luego quizá dañemos a otras personas o cosas en nuestra huida. Tengo una tienda y hoy quiero vender X pesos para, con lo que gane, poderme pagar tal vicio. Quizá, para pagarme mi vicio, además hoy mentiré.
Esclavitud. Por definición, el pecado es lo que esclaviza. Ser esclavos es dejar de actuar como Hijos de Dios, con todo el poder de Dios a nuestras espaldas; a hacer sólo lo que nos permite una criatura, limitada. Por definición, el pecado es conformarse con algo menos que el infinito. Es conformarnos con el placer efímero y limitado que nos da nuestro vicio particular en vez de abrirnos al gozo infinito y eterno de Dios.
Dificultades. El pecado nos aleja de Dios, que es Verdad y Vida (y Moralidad). Todo lo que hagamos basándonos en una mentira (no ver o considerar las cosas como son), tendrá cada vez mayores dificultades; y además, al apartarnos de la fuente de Vida, menos frutos. En el caso anterior de la tienda, mi vicio está llevándome a dejar de tratar a los clientes como personas, con amor, y usarles sólo como medio para obtener mi vicio. Dejo de verles como son a verles de forma equivocada. Me pierdo el amarles y todo lo que ganaría con ello.
El pecado puede conllevar también un vicio anterior que llevó a él y que puede perdurar tras de él. Vicio como disposición a pecar e impedimento de la virtud contraria.
A mayor pecado, mayor culpa, que de ser grave (“mortal”), “mata” nuestra alma, la separa del cuerpo de Cristo y, por tanto, dejamos de recibir la gracia santificante. (Es como cerrar las ventanas a la luz del sol). Nos condenamos si morimos en ese estado. En pecado mortal pasamos de ser Hijos de Dios a ser meras criaturas suyas, no más que una piedra.
Al recibir el sacramento de la penitencia y pagar la penitencia (o por contrición), volvemos a recibir la gracia de Dios (se borra la culpa, Dios nos perdona). A veces, la gracia que volvemos a recibir nos sirve para borrar todas las causas (vicios) y secuelas del pecado e incluso a avanzar mucho más en la virtud contraria. Otras veces no aprovechamos la gracia y seguimos arrastrando malas inclinaciones o no acabamos con las circunstancias proclives al pecado que el mismo pecado creó (no tiramos las botellas de alcohol que compramos mientras fuimos alcohólicos ni dejamos de frecuentar las amistades que nos llevaron a ello, etc.).
Nuestros vicios (que nos llevan al menos a continuos pecados veniales) son impedimentos al aprovechamiento de las gracias que recibimos, por ello nos interesa limpiarnos al máximo.
Hay dos tipos, la primera llama pena “ontológica” (borracho al día siguiente se encuentra mal) y la “jurídica”, castigo (de justicia) (borracho que por ello pierde su empleo). Las segundas podemos recibirlas impuestas por Dios (penas de la vida), por el confesor (pena sacramental), por el prójimo (padre que castiga a sus hijos) o nosotros mismos (mortificaciones: obras buenas penales, que cuesten, desagradables: oración, ayuno, caridad. Yo diría: no sólo oración tradicional, ayuno de comer y limosna, sino: estudiar, ayuno de lo que nos perjudica -diversiones-, amar al prójimo). Las mejores son las sacramentales.
La expiación debe satisfacer dos necesidades, tener dos funciones:
Punitiva: pagar la pena (que debemos por justicia y que quizá no podemos reparar: un insulto)
Educativa: eliminar el vicio que llevó al pecado y sus posibles secuelas.
Ejemplo: si jugando con el balón rompimos un vidrio, hemos de:
obtener el perdón (de la culpa)
pagar la multa por hacerlo (multa exigida en justicia por las molestias que damos al dueño de la ventana)
retirar los vidrios rotos y reponer el vidrio (lo que se llama en términos religiosos “satisfacer”)
llevarnos la pelota de allí (para no tener la tentación de seguir jugando)
hacer el propósito de no volver a jugar allí (eliminar lo que nos llevó al pecado)
La expiación, multa, debería, aparte de ser una buena obra y penosa (función punitiva), servirnos para olvidarnos de aquel sitio para jugar a pelota (buscándonos otro u olvidando el juego de pelota) (función educativa).
Este ejemplo es pecado, hay culpa, herida en el alma que tenemos que confesar, si se cumplen las condiciones para que un acto sea pecado (pleno conocimiento y voluntad) (muchas veces pecado de imprudencia si no hubo voluntad y/o de ignorancia culpable). Si no se veía la ventana y no era previsible que allí hubiera una ventana, pues no hay pecado (culpa) ni pena exigible en justicia.
(En el caso de pecados, algunas de las obligaciones anteriores son requisitos del sacramento de la penitencia: examen de conciencia, dolor de corazón, propósito de enmienda, decir los pecados al confesor, cumplir la penitencia).
Podemos expiar por nuestros pecados y por los de toda la humanidad (evidentemente, partiendo del apoyo del sacrificio de Cristo: metáfora de la balanza explicada más abajo). Además de pagar por nuestros pecados, al hacer penitencias con ello también nos asemejamos más a Jesucristo, que pagó por nuestros pecados.
No son meritorias las buenas obras realizadas por alguien en pecado mortal (es como si un asesino pretendiera una rebaja de su pena por dar una pequeña limosna), o hechas no por amor de Dios, sino por vanagloria, etc.
Al confesarnos de un pecado mortal y ser eliminada la ofensa gravísima a Dios, éste vuelve a aceptar los méritos por las buenas obras que habíamos hecho antes.
(es como si en una balanza tuviéramos en el platillo de las buenas obras algunos granos de trigo y en el de las malas una gran piedra. Mientras está la piedra la balanza está inclinada hacia el mal. Una vez retirada la piedra, se puede valorar el peso -mérito- de los granos de trigo).
Son los que la materia del pecado no es grave o no hubo pleno conocimiento o consentimiento. No hay una "línea roja" divisoria con los pecados mortales. Cuidado con restar importancia a nuestros pecados veniales, pues no dejan de ser pecados.
Tengamos mucho ojo con ellos, pues:
pueden llegar a ser importantes si se acumulan muchos
Si nos vemos como un canal, una tubería por donde pasa agua, (con la diferencia que en vez de agua dejamos pasar o no la sabiduría y la bondad de Dios), los pecados veniales serían como arena acumulada en su interior. Sus granos son pequeños, pero si son numerosos pueden impedir totalmente el paso del agua.
Igualmente, los pecados mortales serían como una única y gran piedra que bloqueara totalmente el paso del agua.
nos acostumbran a pecar y nos alejan de la acción vivificante de la gracia (son el camino hacia pecados mayores)
son un indicador de posibles pecados mayores : Golpear al marido es un pecado grave, servirle la comida demasiado salada a sabiendas para dañarle puede ser un pecado leve, pero es la señal de un pecado mayor: desamor.
pueden ser los pequeños síntomas de graves males: una pequeña grieta que anuncia una viga a punto de partirse y derrumbar la casa, la pequeña multa de tráfico por conducir bebidos que nos avisa de nuestra gran temeridad y mala vida,...
Ejemplos: pequeño inicio de desesperación, de impaciencia, de juicio temerario sobre el prójimo,...
Los de omisión y pensamiento. Más originados por debilidad nuestra, que por malicia (en general). Los creyentes solemos pecar de:
Activismo (en un extremo), creyendo que "haciendo más" se resuelven las cosas, y exceso de oración (en el otro), creyendo que "rezando se arregla todo". Cada uno, según nuestro estado, tenemos unas obligaciones de trabajar y de orar, y peca el que abandona unas obligaciones por otras: ni la monja de clausura debe dejar de rezar para irse a cuidar enfermos, ni los padres deben de desatender a su familia por irse a rezar.
Juicios erróneos a los demás, tanto por exceso (y desconfiar) como por defecto (ingenuidad culpable).
Omisión: ignorancia culpable; mirar sólo lo que nos interesa y no querer ver lo que no (comodidad), negándonos a ver lo que puede "complicarnos la vida"; rigidez (hacer siempre lo mismo). Un ejemplo de pecado de omisión es cuando dejamos de comprar en la tienda de la esquina por ahorrarnos 1 peso comprando por internet (ver artículo sobre la importancia de dónde comprar).
Por las confesiones sacrílegas, donde no confesamos todos los pecados por vergüenza de pecados contra la pureza.
Lo son porque el pecador se cierra al perdón, ya sea:
por falta de esperanza en la posibilidad de salvarse (Judas suicidándose)
la presunción:
confiar en la salvación sin colaborar en absoluto ("Ya vendrá Dios con su misericordia a salvarme")
creernos más fuerte de lo que somos, arriesgarnos demasiado en cosas graves (como en nuestra salvación)
combatir la Verdad conociéndola (que es lo que hizo el Demonio)
tener celos importantes de las gracias de otros
obstinación en el pecado
asesinato de inocentes (mujeres, ancianos y niños en las guerras, como cuando lanzaron las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki; aborto).
perversiones sexuales
opresión a los pobres (no pagar el salario convenido)
Dicen no creer en nada, pero dicen que su madre está en el cielo (y además murió ayer mismo).
Dicen no creer en el Demonio, ni en la condenación, pero se alteran muchísimo si alguien les dice que van por el camino de la condenación.
Dicen no creer en el infierno, que todos vamos al cielo. ¿Pero cómo vamos a ir al mismo sitio los santos y los degenerados, asesinos de inocentes, ladrones de pobres, o presidentes traidores a su patria?
Dicen que la misericordia de Dios nos salvará a todos. Ese es justamente uno de los pecados contra el Espíritu Santo que no tienen perdón.
Dicen ser cristianos, pero desconocen casi todo de la religión. En su vida han dedicado muchas más horas a ver cotilleos y telenovelas que a la religión.
Dicen ser religiosos, pero realmente adoran a un Dios que se inventan y que siempre les da la razón, por más veces que cambien de opinión.
Las cosas muertas, las máquinas, hacen siempre lo mismo. Si nosotros hacemos siempre lo mismo, si no aprendemos, si no vamos mejorando nuestro comportamiento, pareciéndonos cada vez más a Jesucristo,... pues estamos como máquinas, bastante muertos.
Si ignoramos completamente la religión en nuestra vida y sólo seguimos la regla "perseguir el placer y huir del dolor", pues estamos comportándonos como máquinas, estamos como muertos.
Condenarnos eternamente. No creer en la posible condenación eterna. (Todas las culturas creen en el infierno). (Pueden descargar un documento PDF con muchos diagramas que lo explica. Está optimizado para verse en ereaders con pantalla de 6 pulgadas).
Podemos regir nuestra vida por el miedo al infierno (el Dios del Antiguo Testamento era un Dios a quien temer porque los judíos de entonces no eran capaces de más), pero ahora no es lo más adecuado, porque ahora estamos en los tiempos del Nuevo Testamento, que es nuestro Dios a quien amar. Es suficiente el miedo al infierno para evitar la condenación, pero es mucho más deseable salvarnos por amor a Dios.
No saber que en el cielo (y en el infierno) hay grados. Y por tanto, que podemos ir al cielo (después de mucho sufrir en el purgatorio) y aún así nuestra dicha será muy muy pequeña porque estaremos lejísimos de Dios. No hay trucos ni atajos. En el cielo tendremos sólo de acuerdo a lo que nos lo hayamos ganado en la tierra.
Es el materialismo, hacernos creer que lo más importante es lo material, lo visible, lo palpable, medible.
Que podemos pensar lo que queramos y no es pecado mientras no lo hagamos.
Lo material influye en lo invisible, así, cuando estamos intoxicados de alcohol (borrachos) no podemos pensar bien o no tomamos buenas decisiones, pero lo invisible es más importante, es la raíz de que hayamos querido beber demasiado.
El demonio quiere que busquemos la solución a nuestra situación en lo material y nos olvidemos de lo invisible.
Que busquemos "no se qué" remedio para la borrachera. No quiere que mejoremos nuestro interior para no volver a emborracharnos.
La mejor mujer no es la más bella de cara o cuerpo, sino la más bella en su interior.
Todos sabemos lo adorable que es la compañía de ciertas mujeres. De igual manera adoramos a la Virgen que transmite en sus actos todo el amor y sabiduría de Dios.
Fijémonos que la Biblia no menciona absolutamente nada de la apariencia de la Virgen, de Jesús, discípulos,... si eran bajos, altos, gordos, delgados,... ¿por qué? Porque no importa nada.
Lo que importa y narra es su mensaje, la buena noticia de que tenemos un Salvador que nos libra de la condenación eterna.
“Óyese decir a muchos de vosotros, cuando os halláis agobiados por algún dolor: Pero ¿en qué he ofendido yo al Señor, para experimentar tantas miserias? - ¿Qué mal has hecho, amigo, para que Dios te aflija de esta manera?... Repasa los mandamientos de la ley de Dios, uno a uno, y ve si hay uno solo contra el cual no hayas pecado. ¿Qué mal has hecho?... Recorre todos los años de tu juventud, reproduce en tu memoria todos los días de tu miserable vida; y después de esto preguntarás “¿qué mal has hecho para que Dios te aflija de tal suerte?” Sermón sobre las aflicciones del S. cura de Ars.
“practicáis una religión falsificada, una religión de rutina, una religión regulada por vuestras inclinaciones” Sermón sobre la virtud verdadera y la falsa del S. cura de Ars.
(Cuando dice que hemos pecado contra todos los mandamientos dice eso, no que hayamos cometido todos los tipos de pecados posibles, sino algún pecado en cada mandamiento).
En qué se parecen algunos del Madrid y algunos cristianos
Tengo un amigo que se cree socio del Real Madrid, pero:
Vive en Barcelona (que es la ciudad del equipo rival), y no se da cuenta que toda la prensa, la televisión y las películas que ve allí son culés, pro Barça, que lógicamente, no hacen más que hablar mal del Madrid. Y él toma esas mentiras como la verdad.
No se da cuenta de la situación actual del fútbol, que todo lo que ve no es deporte, es espectáculo, todo está preparado. (Si se decidiera la Liga 7 semanas antes del final, dejarían de tener a la gente entretenida durante 7 semanas y la gente que asistiera a esos 7 partidos podría descubrir el sentido auténtico de jugar a fútbol por el placer de jugar sin la obsesión por ganar).
No se da cuenta de su ignorancia: ni sabe las reglas del fútbol, ni conoce los jugadores, ni nada. Se conforma con lo que aprendió de pequeño, cuando su padre le llevaba a los partidos. Desde entonces no ha vuelto a dedicar un minuto a su equipo, lo desconoce totalmente pero se atreve a criticarlo.
No se da cuenta que sólo puede encontrar la verdad en internet, pues, aunque está repleto de mentiras, es el único sitio donde todo el mundo puede hablar, no sólo los culés.
Como consecuencia de lo anterior incumple su deber principal: No ama a su equipo sobre todas las cosas.
Por supuesto, no inculca la afición al Madrid a sus hijos, mujer, etc. Tampoco anuncia las bondades de su equipo a sus amigos, compañeros de trabajo, etc. No se da cuenta que, por su mal ejemplo, priva a los demás de la gran dicha de ser del Madrid.
No cumple con las obligaciones de socio: ni paga cuota, ni participa en las asambleas,...
Cuando juega a fútbol con la gente que le rodea, incumple las normas más básicas (desobedece al entrenador, no respeta el tiempo de descanso, odia al equipo contrario, cambia de equipo cuando quiere,... una locura).
Cuando un socio del Real le recuerda sus obligaciones, responde diciendo que “para ser socio del Madrid basta con creerlo, no hay que hacer nada”, que “él es socio del Madrid a su manera”, que “nadie tiene que enseñarle cómo tienen que ser los socios del Madrid”.
Y se cree con derecho a entrar en el estadio cuando hay partido.
Y tengo otro amigo que se cree cristiano, pero:
Vive rodeado de gente no cristiana o anti cristiana, no se da cuenta que toda la prensa, la televisión y las películas son anti cristianas, que lógicamente, no hacen más que rebajar con artimañas más o menos declaradas lo principal del cristianismo: que Jesús es Dios. Y él toma esas mentiras como la verdad.
No se da cuenta de la situación actual de la Iglesia, que todo lo que ve es falso: falsos curas, falsa misa, falso papa, falsa doctrina.
No se da cuenta de su ignorancia de la religión. Se conforma con lo que aprendió de pequeño, cuando iba a misa con sus padres. Desde entonces no ha vuelto a dedicar un minuto a la religión, la desconoce totalmente pero se atreve a criticarla.
Desconoce que el catecismo dice en sus primeros artículos: “Es necesario aprender la doctrina enseñada por Jesucristo, y faltan gravemente los que descuidan aprenderla”.
No se da cuenta que sólo puede encontrar la verdad en internet, pues, aunque está repleto de mentiras, es el único sitio donde todo el mundo puede hablar, no sólo los anti religión.
Como consecuencia de lo anterior incumple su deber principal: No ama a Dios sobre todas las cosas "A los tibios los vomitaré de mi boca" (Ap 3:16) "El que no está conmigo, está contra mí” Mt 12:30 . Por supuesto, no inculca la religión a sus hijos, mujer, etc. Tampoco anuncia las bondades del cristianismo a sus amigos, compañeros de trabajo, etc. No se da cuenta del pecado de escándalo que comete al ser mal cristiano.
No cumple con las obligaciones de cristiano: ni reza, ni es devoto de la Virgen, ni de su santo, ni se confiesa con un cura, ni va a misa,... (estas dos últimas cosas son prácticamente imposibles en los tiempos actuales).
En su vida, con la gente que le rodea, incumple los mandamientos (desobedece a sus padres, no santifica las fiestas, se enoja con los demás, peca cuando quiere,... una locura).
Cuando otro fiel le recuerda sus obligaciones, responde diciendo que “con creerse buena persona es suficiente”, que “él es cristiano a su manera”, que “nadie tiene que enseñarle a ser cristiano”.
Y se cree con derecho a entrar en el cielo cuando se muera.
Benditas monjas que sufren persecución en España (junio 2024) por seguir a Dios. Acabo de publicar unos libros muy interesantes sobre el cielo y el ángel de la guarda, de sacerdotes de principios del siglo XX. Tienen reseñas de los mismos en esta página de mi otra web |
Rezar el Rosario (mejor en latín) es el principal recurso que nos queda.
Estas páginas son apuntes que pueden contener errores de un servidor y se van mejorando con el tiempo y la gracia de Dios.
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